Depresión en los adolescentes
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En general la mayoría de los adolescentes pasan por estados depresivos producto de problemas que son típicos de la edad, como fracaso parcial en los estudios, rupturas sentimentales, conflictos con sus padres relacionados con los permisos y la libertad que quiere el adolescente en el diario vivir. El problema más que nada sucede cuando este estado depresivo permanece en el tiempo y lo lleva al mal genio permanente, a la incapacidad de disfrutar de todo tipo de actividades, a trastornos del sueño, el autodesprecio, a sentirse siempre culpables y pensamientos o intentos de suicidio. En cuyos casos nos encontramos con un estado depresivo que requiere de inmediata atención profesional.
Los síntomas depresivos en los adolescentes son tomados con frecuencia como «comportamiento normal del adolescente», y se considera que son el producto de los cambios hormonales normales, lo que, en muchos casos, dificulta el diagnóstico, negando o retardando la ayuda que necesitan. El mayor número de adolescentes deprimidos está entre los 13 y los 15 años de edad, rango que coincide con las épocas de más baja autoestima de este particular período del crecimiento.
Los adolescentes no necesitan «razones de peso» para deprimirse. En apariencia son invencibles e invulnerables, pero en el fondo pueden estar profundamente cuestionados y dolidos, no tienen consolidada su identidad y son severos críticos de sí mismos.
Estudios estiman que en los países desarrollados el 17% de los jóvenes ha experimentado al menos un incidente depresivo, siendo las mujeres las más afectadas. Otras causantes son el maltrato y el acoso sexual infantil y tener antecedentes de padres o parientes cercanos depresivos. También parece presentarse con mayor frecuencia en familias con problemas maritales, en las que el adolescente tiene más dificultad de establecer su identidad.
Las adolescentes a partir de los 14 años tienen el doble de probabilidades de entrar en un cuadro depresivo y se puede correlacionar con la bulimia y la anorexia.
La sensibilidad del adolescente se altera por el manejo de las emociones en conflicto junto con el despertar de la sexualidad. Los cambios que ocurren en el cuerpo de los adolescentes no son asimilados en forma adecuada por algunos de ellos, lo cual les genera depresión. Adolescentes sometidos a abuso sexual y/o con problemas de orientación sexual (homosexualidad) pueden presentar también un cuadro depresivo.
El adolescente promedio manifiesta aburrimiento, pérdida de interés, desmotivación y/o tendencias a actuaciones antisociales o apatía (poco interés) ante situaciones que de lo contrario serían atractivas. Es muy factible encontrar comportamientos más bien agresivos, descalificadores y desafiantes que de tristeza o abatimiento como tales.
Los padres con frecuencia notan en ellos bajo rendimiento académico, irritación constante y problemas para dormir. En los casos más severos de depresión, los jóvenes pueden comenzar a pensar en el suicidio. Muchos de los intentos suicidas de la juventud se enmascaran como «accidentes» de severidad considerable, como en las muertes que ocurren como resultado de conducir vehículos automotores a exceso de velocidad, en ocasiones bajo el efecto de drogas o por el consumo de bebidas alcohólicas en adolescentes deprimidos, tal como se comentó anteriormente.
En algunos casos se puede confundir este comportamiento alterado con el síndrome de falta de atención, agresividad, hiperactividad, desórdenes de la alimentación, problemas del sueño, cuando en realidad la enfermedad de fondo es la depresión.
Es importante tener siempre presente el tiempo en el que se han presentado los síntomas. Si los padres del adolescente con tendencias depresivas observan que por mas de 2 o 3 semanas de siguen persistiendo los síntomas como, falta de apetito y falta de interés en toda actividad social, se debe acudir al profesional terapeuta para su diagnostico.
Las opciones terapéuticas para los adolescentes con depresión son similares a las usadas para tratar la depresión en adultos. Los tratamientos pueden incluir psicoterapia y medicamentos antidepresivos.
En el caso de los encuentros psicoterapéuticos será útil, para aumentar la autoestima del joven, elevar su confianza, contribuir a su propia identificación y para dotarle de herramientas y mecanismos para afrontar problemas y alcanzar objetivos.
Por otro lado la terapia de familia puede ser útil si los conflictos familiares están contribuyendo con la depresión. También puede ser necesario el apoyo de la familia o los maestros para ayudar con los problemas escolares. Ocasionalmente, se puede requerir la hospitalización en una unidad psiquiátrica para los individuos con depresión grave o que están en riesgo de suicidio.
Finalmente es de suma importancia recalcar estar con los ojos muy abiertos para detectar este tipo de sintomatología en nuestros adolescentes, para poder brindarles la mejor y más pronta orientación y que así puedan recibir la atención adecuada.
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